Noviembre comienza entre ofrendas: qué se recuerda el 1 y 2
Todos los Santos y Fieles Difuntos se entrelazan con las tradiciones mexicanas; las fechas y las formas de recordar varían entre comunidades.
Foto de archivo: María de Jesús Martínez Serrano, Procesión de los espíritus (2010), vía INAH.
Noviembre comienza en México entre flores, ofrendas y recuerdos. Este domingo 1 de noviembre es una de las fechas centrales del Día de Muertos, una celebración que reúne a familias y comunidades alrededor de la memoria de quienes han fallecido. En muchas tradiciones populares, la jornada está dedicada especialmente a los niños, los llamados "angelitos"; el 2 de noviembre se asocia principalmente con el recuerdo de los adultos.
La distinción tiene un vínculo con el calendario católico: el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos y el 2 a los Fieles Difuntos. Pero la manera de vivir estas fechas no es idéntica en todo el país. Las costumbres locales, las historias familiares y las tradiciones de los pueblos dan forma a una celebración diversa, que no puede reducirse a un único horario o a una sola manera de poner la ofrenda.
El primero de noviembre y el recuerdo de las infancias
Un material educativo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), consultado directamente, relaciona el 1 de noviembre con los "muertos chiquitos" o niños. El Economista explica en su cobertura de 2026 que la tradición popular conoce esta jornada como Día de los Angelitos y que las familias suelen incorporar juguetes, dulces, frutas y alimentos que disfrutaban los pequeños.
Son formas de expresar memoria y afecto, no una lista obligatoria que todas las familias deban seguir. El sentido de la ofrenda está en la relación con la persona recordada y en la manera en que cada comunidad ha transmitido sus prácticas a las nuevas generaciones.
La fecha de Todos los Santos y la dedicación popular a los niños tampoco son expresiones idénticas: la primera pertenece al calendario religioso; la segunda describe una costumbre extendida en México. Distinguirlas permite explicar la celebración sin convertir una práctica particular en una regla universal.
El dos de noviembre: Fieles Difuntos
El 2 de noviembre corresponde a los Fieles Difuntos. En buena parte de las tradiciones mexicanas se vincula con el recuerdo de los adultos fallecidos, las visitas a los cementerios y las ofrendas familiares. Fotografías, flores, velas, papel y alimentos forman parte de las expresiones con las que se mantiene presente a los seres queridos.
El INAH describe estos preparativos como parte de una relación simbólica entre los vivos y sus antepasados. En su repositorio sobre las fiestas indígenas dedicadas a los muertos, explica que las familias pueden trazar caminos con pétalos, colocar velas y preparar los alimentos preferidos de quienes recuerdan, tanto en el altar como en las tumbas.
La idea del retorno de las almas pertenece a las creencias y tradiciones que dan significado a la celebración. No se presenta como un hecho comprobable, sino como parte de la visión cultural con la que distintas comunidades entienden el encuentro anual con sus muertos.
Una tradición que no empieza igual en todas partes
Aunque el 1 de noviembre abre el mes, no marca el comienzo de todas las celebraciones del Día de Muertos. El INAH sitúa las fiestas indígenas entre finales de octubre y principios de noviembre, en relación con el cierre del ciclo anual del maíz. En algunos lugares hay varios días de preparación y conmemoraciones con distintos significados.
El mismo instituto señala que los muertos pueden ser recordados en fechas diferentes según su edad, la causa del fallecimiento y otras categorías propias de cada tradición. Por eso, afirmar que todo México sigue exactamente el mismo calendario dejaría fuera una parte importante de su diversidad.
Las prácticas reúnen aportaciones indígenas, católicas, rurales y urbanas. Además de las ofrendas, incluyen música, danza, narraciones, objetos artesanales y comida ceremonial. Son expresiones que cambian y se transmiten sin dejar de estar ligadas a las comunidades que las mantienen vivas.
Memoria que pasa de una generación a otra
Las fiestas dedicadas a los muertos también son momentos de convivencia entre quienes permanecen. El INAH destaca que sus preparativos fortalecen los lazos familiares y colectivos. La conversación sobre una fotografía, la preparación de un platillo o el recuerdo de una persona permiten compartir historias con niñas, niños y jóvenes.
Esa continuidad aparece también en la programación cultural de este año. La Secretaría de Cultura anunció la XXVI Feria de las Calacas para el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 2026, con actividades para las infancias y las familias en la Ciudad de México. Su propuesta combina arte, juego y memoria alrededor de la tradición. Es un ejemplo de programación cultural de la capital, no una actividad anunciada para Irapuato.
Este inicio de noviembre invita a recordar sin imponer una única forma de hacerlo. Para algunas familias será tiempo de visitar una tumba; para otras, de reunirse ante una ofrenda o de contar una historia. El 1 y el 2 comparten ese espacio de memoria, con diferencias que enriquecen la celebración en lugar de volverla uniforme.
Fuentes y Referencias
INAH, material educativo "Día de Muertos, Tradición Mexicana": calendario del 1 y 2 de noviembre.
INAH, "Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos": diversidad de rituales, temporalidad y memoria comunitaria.
https://lugares.inah.gob.mx/es/node/6394
El Economista, 31 de octubre de 2026: diferencias entre el 1 y 2 de noviembre y costumbres populares.
Secretaría de Cultura, programación de la XXVI Feria de las Calacas 2026, consultada directamente.











